terça-feira, 14 de abril de 2009

Uma bela reportagem sobre a cidade maravilhosa

Rio de Janeiro é a minha idéia de felizcidade. Vivi aí bons momentos. Raros, infelizmente. Mas, nem por isso, menos intensos. Quando li a reportagem abaixo, publicada na edição de hoje do El País, lembrei-me de um tempo no qual transitava por Botafogo, Catete e Flamengo. Vale a pena conferir a matéria!

La 'garota' de Brasil
Tan linda y llena de gracia como la chica de Ipanema, Rio de Janeiro deslumbra al viajero gracias a su entorno natural y al inclonable carácter de sus gentes: 'realidade, muita garra e carnaval'.
JORDI PASTOR - 14/04/2009



Río de Janeiro maravilla. Lo hace de forma tan contundente que el sentimiento agridulce que destila su realidad no desmejora para nada la experiencia viajera. La enriquece, incluso. Es una ciudad idónea para la diversión, la alegría, el baile y todo lo que ustedes quieran añadir en relación a pasarlo en grande. Pero Río también maravilla porque evidencia de forma tan cercana y directa las enormes y crudas diferencias entre sus habitantes, que hay mucho más que carnaval y resacas de caipirinha en el poso que deja en el viajero.

Hay dos ciudades dentro de Río. La de tez blanca, palpable cada noche en la escena del barrio de Lapa, y la más africana, que se reúne en las escolas de samba al caer la noche. Sin intenciones sociológicas, EL VIAJERO propone diez planes para conocer sus diferentes caras y atractivos, nocturnos y diurnos.

Hay un punto de urgencia en ello: queda poco tiempo para conocer Río de Janeiro antes de que cambie definitivamente su aspecto, pues el gobierno regional ha comenzado a levantar muros que aíslan las favelas de las zonas más turísticas. Más seguridad, mejor estética... menos esencia. Nuestra ruta arranca en el lugar donde todos, absolutamente todos los cariocas, tiene cabida: la arena de sus playas.


1. Lucir palmito

Ipanema o Copacabana, la eterna cuestión. Son las playas por excelencias de Río de Janeiro, aunque haya otras (Flamengo, Leme, Leblon...). La primera musical, activa y bohemia; la segunda, algo decadente y símbolo del lujo y la opulencia de anteriores décadas, pero igualmente atractiva. Ambas con un denominador común: el punto de encuentro donde los cariocas demuestran su devoción por el deporte, y su casi obsesión por el culto al cuerpo.

Hay que pasearse por este mítico binomio playero, unido por la punta del Arpoador, y empaparse de la esencia carioca. Es algo más que un mero día de playa, forma parte de la cultura de esta ciudad y sus habitantes. Este decálogo de propuestas sugiere el punto de inicio: Ipanema, entre los postos 9 y 10.

2. Palmeras imperiales

El ajetreo playero, especialmente en fin de semana, se detiene bruscamente al entrar en el Jardín Botánico de Río. Considerado el de mayor extensión del mundo, invita a dos recorridos. El primero pasa por admirar la riqueza y diversidad de especies -más de seis mil- que acumulan sus 137 hectáreas de extensión. Mucha flora pero también peculiar fauna, como los tucanes que revolotean entre sus árboles.

La segunda es de tinte histórico, pues el propio nacimiento e historia del Botánico conecta la urbe con su pasado colonial, cuando apenas era un jardín de aclimataciónpara las exóticas especies traídas de oriente. Eran tiempos del Rey Juan VI de Portugal, quien plantó la primera de sus palmeras reales, hoy uno de sus grandes reclamos.

3. Selva urbana

Una de las principales singularidades de Rio de Janeiro es su entorno. Pocas megalópolis pueden presumir de un paraje natural en pleno centro. Tanto, que el intenso verde del Parque de Tijuca separa la turística zona sur de la sucesión de barrios humildes que extiende hacia el norte. Sus 3.300 hectáreas, asediadas en su perímetro por trepadoras favelas, fueron declaradas Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1991.

Un pulmón envidiado por otras urbes en su lucha contra la contaminación, que también se traduce en diversión y riqueza natural para los habitantes de Río. Por ello se ordenó a finales del siglo XIX la reforestación de sus laderas con la vegetación original (hasta entonces desterrada por plantaciones de café). Con el conocido Cristo Redentor en lo alto del pico Corcovado, Tijuca ofrece posibilidades tan lúdicas como la escalada, el senderismo y hasta un vuelo en ala delta.

4. El corazón de Río

Cada mes de febrero la ciudad exporta al mundo uno de sus mejores productos, el carnaval. El desfilar de las diez escuelas de samba elegidas por el mítico Sambódromo, siempre atestado de público, es sólo la estampa más famosa de una ciudad tomada, de punta a punta, por semejante espectáculo de música, luz y color. Pero en Río, la samba fluye con igual ritmo el resto del año.

El puro azar puede ayudar a comprobarlo, cuando un dicharachero taxista, miembro de una escola de samba de Rocinha, la favela más grande y distinguida de Río de Janeiro, desliza durante el trayecto una invitación para vivir, unas horas después, la noche decisiva: se elige la composición que presentará la escuela para acudir a los próximos carnavales.

Y así, gracias a tan repentino, amigable y seguro ofrecimiento, es posible sumergirse a placer en una noche repleta de ritmos, caipirinha, asombrosos movimientos de cadera y atronadoras percusiones. La posibilidad de comprobar en persona, sin conservantes ni colorantes, lo que el carnaval representa para las gentes de esta ciudad.

5. Río acelerado

Salir del metro a la superficie en el Centro financiero puede resultar chocante. No parece la misma ciudad. Ejecutivos a paso acelerado, trafico que raya lo frenético y la sensación de haber sido súbitamente transportado a urbes más agitadas, como São Paulo. Pero el radical contraste entre lo vertical de los edificios y la amplitud de las cercanas playas, hace merecedor el paseo por esta otra cara de Rio de Janeiro.

Hay refugio entre tanto ajetreo. Prueben a tomarse un buen zumo, o una vitamina (un batido de fruta con leche) en las tiendas que se intercalan entre tanto hormigón. Después, ya más tranquilos, podemos seguir ruta regresando a las profundidades del metro. De día es seguro y sumamente útil para moverse por la ciudad. Además, como en otras capitales de Iberoamérica, reserva un vagón exclusivo para mujeres, con el fin de protegerlas de acosos sexuales.

6. Bajo los Arcos
El siguiente punto de esta ruta, no obstante, no hace necesario volver al subterráneo. Basta con caminar unos minutos hasta las estribaciones de uno de los barrios más animados de la ciudad. No hay pérdida, los llamativos e inconfundibles Arcos de Lapa -un antiguo acueducto que data del siglo XIX- nos indicarán que estamos a punto de sumergirnos en sus calles.

Bares, cafés, conciertos y mucha animación en plena calle esperan en Lapa a quienes busquen un agradable y distendido ambiente nocturno, entre la clase más pudiente de la ciudad. El Río de Janeiro más acomodado y de tez blanca, que no excluye humildes puestos callejeros en los que administrarse caipirinhas, digamos, menos higiénicas. De hecho, hay que estar preparados para las mayores excentricidades nocturnas que puedan imaginarse. Porque ocurren.

7. Colgados del 'bondinho'

En un equilibrio entre lo sorprendente y lo temerario, el tranvía más célebre de Río de Janeiro, comúnmente conocido como 'bondinho', recorre el escueto perfil de los Arcos de Lapa rumbo al bohemio barrio de Santa Teresa, que acoge coloridas casas, pequeños restaurantes de comida casera y tiendas de artesanía. No es extraño. Pintores, escritores y artesanos han ido convergiendo en sus empinadas y adoquinadas calles, y actualmente son un referente entre la gente del barrio.

Turístico y popular, este entrañable tranvía, ya centenario, remonta cada día entre favelas la ladera de Santa Teresa. Salvo que se contrate esa especie de safaris organizados a bordo de un jeep que recorren favelas como Rocinha, es lo más cerca que se puede estar de ellas. De hecho, buena parte de los viajeros de este curioso tranvía son niños de favelas, que colgados literalmente del vagón -no se asusten-, se ahorran pasar por caja.

8. Bajo el Pão de Açúcar

El otro 'bondinho' de Rio de Janeiro se encuentra al otro lado de la ciudad, al final de la Avenida Pasteur. Al pie del Pan de Azúcar, uno de los principales símbolos de la ciudad, este conocido funicular eleva cada día a cientos de turistas hasta su cima, convertida en el mejor mirador de Río, sobre todo al atardecer. No se extrañen si, en pleno ascenso, ven escaladores encaramados a las tapias de tan célebre morro. Es práctica habitual.

Las profundidades del Pan de Azúcar también merecen la pena, por varias razones. Por ejemplo, el agradable paseo que serpentea por su base (poblado de aficionados al joggin y la bicicleta), la escondida playa Vermelha, o de nuevo por los numerosos escaladores que se concentran junto a los tochos de roca que jalonan el camino, donde pasan la tarde practicando búlder (escalada sin cuerda en rocas de escasa altura).

9. Las tres catedrales de Río

Sin miedo al error, se puede afirmar que los habitantes de Río profesan tres religiones: la católica, la futbolística y el carnaval. El orden de importancia ya es cosa de cada uno de ellos. Eso sí, las tres cuentan con su propio templo, que conforman casi una particular mini ruta dentro de estas diez propuestas.

Mezcla de iglesia y una nave espacial, la Catedral de Sao Sebastiao se levanta imponente y futurista en las cercanías de Lapa. Es recomendable adentrarse en este descomunal templo, de impresionantes medidas y sorprendente arquitectura. No lejos de allí, se encuentra el segundo gran centro ceremonial: el citado Sambódromo. Cada mes de febrero, las diez escuelas de samba seleccionadas viven su particular éxtasis al atravesar durante una hora la Rua de Marquês de Sapucaí.

El tercero de los grandes templos es, evidentemente, Maracaná. El estadio más grande del mundo, y probablemente también el más famoso, escenario de las hazañas de Pelé y la canarinha, muestra una nueva cara, gracias a las obras de remodelación y modernización de cara al Mundial de 2014, que acogerá Brasil. Hasta los no futboleros se han sentado en sus gradas... por algo será.

10. Un abrazo de despedida

Es un sentimiento mutuo el que da título a esta décima propuesta. Del visitante a la ciudad, y de la ciudad al que la visita. En el segundo caso, los abrazos de acogida y despedida con los que Río de Janeiro agasaja a los viajeros está simbolizado por el icónico y gigante Cristo Redentor, en la cumbre del cerro Corcovado.

La subida hasta la cima se realiza a bordo de un divertido tren, donde la samba demuestra su poder y omnipresencia en esta ciudad: algunos tendrán que bailar sí o sí ante la insistencia de los músicos ambulantes que animan el trayecto.

Arriba espera otra envidiable y circular panorámica de la ciudad. El conjunto de las playas, las favelas, el Parque de Tijuca a la espalda y la laguna de Rodrigo de Freitas justo debajo, conforman un generoso y completo deleite visual, ideal para llevarse la beleza de esta ciudad en la retina para siempre.


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